Mitos sobre la alimentación

Algunos mitos sobre la alimentación se mantienen fuertes durante el tiempo, ya sea por creencia familiar y hasta regional, actualmente la mayoría son falsos y deben ser corregidos.

Mitos sobre la alimentación

Los primeros mitos siempre fueron positivos, como que comer determinada verdura ayudaría a mejorar nuestra salud, un ejemplo es comer zanahorias y mejorar la vista lo cual fue comprobado científicamente y existen otros que dicen que al comer frutas ayudan a limpiar los dientes, lo cual es falso.

Antes de creer o no creer respecto a los mitos sobre la alimentación, es momento de consultar Internet para averiguar las características del alimento. Un ejemplo es que el colesterol es el causante de la obesidad y todo lo que lo lleve causara esta enfermedad, esto es falso. Lo que causa la obesidad es la grasa y las grasas deben ser evitadas en grandes proporciones, pero consumidas con cuidado ya que son necesarias para nuestro desarrollo físico por su gran fuente de energía.

No tengas miedo sobre los mitos creados para referirse a cualquier alimento, a veces son solo campañas publicitarias para ganar con otros alimentos lo que es muy común en productos dietéticos y de baja contenido de grasas, calorías y componentes sintéticos.

Leyenda mexicana del espanta niños

Leyenda mexicana del espanta niños

En un poblado ubicado en el sur de México, se conoce la leyenda mexicana del espantaniños. Armando era un joven un tanto trastornado que gustaba de asustar niños en los panteones principalmente durante las fechas referentes a la celebración del día de muertos.

Su disfraz era de lo más sencillo y simple. Usaba un batón ancho de color negro y una máscara confeccionada a base de cuero de vaca. Las costuras de esa pieza estaban tan mal unidas que las puntadas sobresalían tanto que daba la apariencia de que aquello eran las llagas supurantes de un rostro desfigurado.

Una noche se escondió detrás de una lápida y esperó hasta que llegara una de sus víctimas. Más lo que él no sabía era que esa pequeña criatura que llegó allí era un hechicero disfrazado de niño.

– Sé quién eres. Te pido que dejes de asustar a los niños, ya que algunos han estado a punto de morir del pavor. Dijo el mago ya con apariencia de hombre.

– De ninguna manera mi amigo. Por algo me he ganado el mote del espantaniños. Quiero que el terror se esparza hasta que se forme una leyenda mexicana sobre mi persona. Replicó el hombre perturbado.

En ese instante, el hechicero tomo tres monedas de plata y las roció con una pócima. Acto seguido, las arrojó con dirección al rostro de Armando. La máscara de piel comenzó a enjutarse, a tal punto que era imposible respirar.

Armando tomó un cuchillo de su cinturón y le hizo un pequeño agujero a lo que creía aún era la máscara. Sin embargo, de su propia carne emanaron gusanos y sanguijuelas quienes le devoraron los ojos y la lengua.

Lo que aconteció fue que la máscara se fusionó con su propia piel creando una de las imágenes más putrefactas de las que se tienen registros. De esa manera concluyó sus días el tristemente célebre “espantaniños”

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