Mito del sereno de Santiago

Mito del sereno de Santiago

A don Fidelio el ayuntamiento le había encomendado una tarea a primera vista muy simple. Ser el sereno de la localidad conocida con el nombre de Santiago. Es decir, su labor consistía en recorrer las calles a partir de las 12 de la madrugada e informar a las autoridades en el instante en que viera que se estaba cometiendo un delito. ¿Quién hubiera pensado que en poco tiempo los mitos de terror iniciaran en torno a su persona?

Ya de por sí los mitos de terror en Santiago eran cosa de todos los días, pues en aquellos tiempos el pequeño pueblo era azotado por una tremenda ola de delincuencia.

El caso es que a partir de que don Fidelio comenzó a hacer sus rondines, los delitos nocturnos disminuyeron exponencialmente. No obstante, una noche de noviembre varios lugareños afirmaron haber visto como era asesinado el sereno a manos de una pandilla justo afuera del cementerio municipal.

Pese a ello, el cadáver nunca se encontró por lo que la gente creó la historia de que el espíritu de aquel hombre se había quedado suspendido en el limbo esperando el momento propicio para cobrar venganza.

Lo curioso de este asunto fue que justamente al cumplirse un mes de la desaparición de don Fidelio, las personas volvieron a escuchar durante las madrugadas su inconfundible silbato.

Quienes visitaron el sitio después de ese incidente, aseguran que aquella localidad se convertía en un pueblo fantasma, pues a partir de las 11 de la noche, la gente se apertrechaba en sus domicilios y no salía hasta que aparecían por las ventanas los primeros rayos del sol.

La razón de esto era porque se aseveraba que quien cumplía las funciones del sereno no era don Fidelio, sino la muerte en persona. De acuerdo a lo relatado por un conocido, supe que alguien grabó en vídeo a ese ente que silbaba a altas horas de la noche por entre las callejuelas de Santiago.

Aquel sujeto de aspecto cadavérico iniciaba su rondín en el cementerio. Además no utilizaba una lámpara para alumbrarse ya que de sus cuencas vacías brotaba una potente luz.

Pasaron décadas y la situación permaneció igual hasta que los asesinos amanecieron muertos en un callejón oscuro.

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