El gato de Paola

El gato de Paola

Hace unas cuantas noches mi teléfono sonó y me dio mucho gusto al enterarme de que se trataba de mi amigo Misael a quien no he visto en persona desde que salimos de la preparatoria.

Nos pusimos a platicar sobre anécdotas pasadas y pronto entramos en una discusión. Él argumentaba que las historias cortas de terror tenían forzosamente que datar de muchos años atrás. A lo que yo le respondí que eso es totalmente falso, ya que día a día surgen nuevos relatos espeluznantes.

Y para muestra un botón. Paola era la hija única de una pareja de artistas, a quienes como era de esperarse su profesión les consumía la mayor parte del día. Por esa razón, la niña convivía solamente con la servidumbre.

En una charla que tuvieron su nana y la cocinera, decidieron que lo que Paola necesitaba para dejar de ser tan introvertida era que le regalaran una mascota, con el fin de que así tuviera a alguien con quien distraerse.

Antes de regalarle el animalito, hablaron con los padres de la niña, los cuales no tuvieron ninguna objeción e inclusive dijeron que ellos estaban dispuestos a pagar el costo de la mascota.

El santo de Paola llegó a los pocos meses y sobre la mesa del comedor la aguardaba una gran caja de color rosado. La niña se apresuró y desamarró las cintas de su obsequio.

– ¡Es un gatito! Muchas gracias Meche y Lula son las mejores. Dijo Paola.

El felino y la pequeña se hicieron los mejores amigos. A tal grado que el gato dormía al lado de su cama. Cada vez que algo despertaba Paola (un portazo, un rayo, una pesadilla etcétera) ella deslizaba su mano y tocaba el suave pelaje de su amigo. Esto hacía que recobrara la calma y volviera a dormir.

Una noche un diluvio caía incesantemente sobre la ciudad. El reloj marcaba exactamente las 3:40 de la mañana cuando se despertó sobresaltada, más al tocar a su amigo se durmió.

Sin embargo, a la mañana siguiente vio con horror que el gato estaba a sus pies completamente despellejado. Horas más tarde el veterinario confirmó que la hora de la muerte del felino había sido alrededor de la una de la mañana.

Desde ese momento Paola únicamente ha repetido una frase:

– ¿Qué fue lo que acaricié?

Aunque ha sido vista por médicos a lo largo y ancho del planeta, la niña ahora convertida en una mujer no ha recuperado la razón.

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