Cuento de la marioneta de Elpidia

Cuento de la marioneta de Elpidia

Además de mitos de terror de vez en cuando también ofrecemos a nuestros lectores más jóvenes cuentos infantiles. En esta ocasión les contaremos lo que le ocurrió a una niñita de siete años llamada Elpidia.

Elpidia vivía en la granja de sus abuelos maternos, ya que sus padres lamentablemente habían perdido la vida en un incendio. Aunque la niña trataba a toda costa de que la tristeza y melancolía que sentía no saliera al exterior, a veces era imposible detener una que otra lágrima que le salía de sus ojitos.

– ¿Por qué se fueron al cielo mis papis y no me llevaron con ellos?

– Elpidia tú estás muy chiquita y aún te queda mucho por vivir, cuentos por escuchar y cosas que aprender. Tu abuelita y yo sabemos que no podemos tomar el lugar que ellos tienen en tu corazón, pero recuerda que te queremos y siempre velaremos por ti.

A medida que pasó el tiempo, la niña se fue haciendo cada vez más introvertida, es decir, no hablaba ni con sus compañeros de clase ni con sus familiares más cercanos.

Su abuelito prontamente se dio cuenta de esta situación y pensó que para que su nietecita hablara de nuevo, necesitaba interactuar con alguien desconocido. Se fue al granero y allí construyó con la ayuda de un serrucho, clavos, martillo y demás implementos una marioneta muy simpática.

Fingiendo la voz llamó a Elpidia al sótano y con la ayuda de las sombras que le proporcionaban varias cajas apiladas logró esconderse completamente de la vista de la niña.

– Hola, me llamo Rob.

La chiquilla miró feliz al muñeco de madera que le hablaba y le respondió:

– Hola yo soy Elpidia.

Su abuelo se emocionó muchísimo al escuchar esas palabras pronunciadas por su nieta, ya que eran las primeras que ella articulaba luego de más de dos meses de no emitir ningún sonido.

Las conversaciones con Rob ayudaron a que Elpidia paulatinamente superara el trauma de perder sus padres. Obviamente al cabo de unos años, sus abuelos le confesaron “el engaño”. Ella lo tomó de buen modo, ya que supo que todo aquello había sido por su bien.

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